9 de febrero de 2011

No air.

¿Cómo pretendes que respire, si me falta el aire?


Me derrumbé. Demasiadas ideas, demasiados recuerdos, demasiada presión.

Sólo supe salir penosamente de mi habitación y dirigirme a la cocina, arrastrando los pies, pisándome las lágrimas.

Tan débil, tan insignificante, tan rota, sólo supe mirarla y llorarle todo lo que me estoy guardando estos días.

Me abrazó, me hizo beber agua y me llevó al salón. Se sentó en el sofá e hizo que me recostara sobre ella, como hacía cuando era pequeña y lloraba sin parar... porque llorar es una mala costumbre que mantengo desde que nací.

Me acarició el pelo y me estrechó contra su pecho. Fue entonces cuando escuché su corazón... me trajo tantos recuerdos.

Y me calmé. Siempre consigue que me calme.

Sin embargo, el malestar sigue dentro. Y las ideas. Y las presiones. Y los recuerdos.

1 comentarios:

  1. Nunca hay demasiadas ideas. Lo que hay son pocos momentos para ponerlas en práctica.

    Cuando la falta de aire nos impide hablar, siempre podemos respirar por la piel.

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