¿Cómo pretendes que respire, si me falta el aire?
Me derrumbé. Demasiadas ideas, demasiados recuerdos, demasiada presión.
Sólo supe salir penosamente de mi habitación y dirigirme a la cocina, arrastrando los pies, pisándome las lágrimas.
Tan débil, tan insignificante, tan rota, sólo supe mirarla y llorarle todo lo que me estoy guardando estos días.
Me abrazó, me hizo beber agua y me llevó al salón. Se sentó en el sofá e hizo que me recostara sobre ella, como hacía cuando era pequeña y lloraba sin parar... porque llorar es una mala costumbre que mantengo desde que nací.
Me acarició el pelo y me estrechó contra su pecho. Fue entonces cuando escuché su corazón... me trajo tantos recuerdos.
Y me calmé. Siempre consigue que me calme.
Sin embargo, el malestar sigue dentro. Y las ideas. Y las presiones. Y los recuerdos.
Nunca hay demasiadas ideas. Lo que hay son pocos momentos para ponerlas en práctica.
ResponderSuprimirCuando la falta de aire nos impide hablar, siempre podemos respirar por la piel.